El arte de parar y habitar el silencio
La meditación es considerada el estado más elevado del yoga. Aunque muchas veces asociamos el yoga únicamente con las posturas físicas, su esencia va mucho más allá. Yoga significa unión: unión con uno mismo, con el momento presente y con esa calma profunda que, aunque a veces no lo parezca, ya habita en nuestro interior.
Cada 21 de diciembre, con la llegada del solsticio de invierno, la naturaleza nos invita a hacer lo mismo que ella hace: recogerse. Es el día con menos horas de luz del año, un punto de inflexión que nos conduce hacia un tiempo de introspección, silencio y escucha interna. No es un momento para correr ni para hacer más, sino para parar y observar.
En este contexto, la meditación se convierte en una gran aliada. Meditar no significa dejar la mente en blanco ni hacerlo “perfecto”.
Meditar es sentarse, respirar y estar presente con lo que hay. Es permitirnos unos minutos de quietud en medio del ritmo diario y crear un espacio para volver a casa, a nosotras mismas.
El invierno nos recuerda que también necesitamos pausas, momentos de descanso y cuidado. Así como la tierra se prepara en silencio para un nuevo ciclo, nosotras podemos aprovechar este tiempo para sembrar calma, claridad y presencia.
Tal vez hoy, coincidiendo con el Día Internacional de la Meditación y el solsticio de invierno, sea un buen momento para regalarte unos minutos de silencio. No hace falta nada especial: solo un lugar tranquilo, una respiración consciente y la intención de escucharte con amabilidad.